Viaje para gozar

Recorrido culinario a lo largo de la Ruta Romántica

Un consejo logístico de antemano: Si viaja por la Ruta Romántica – deje sitio suficiente en el maletero de su coche o llévese una bolsa más.

Porque es muy probable que entre Wurzburgo y Füssen le sepa tan bien un vino o una cerveza que desee comprar algo del viticultor o cervecero. Puede ser también que vuelva con un cucurucho lleno de caramelos de una fábrica gobernada aún por la familia, que adquiera las tradicionales “Schneebälle” – “Bolas de Nieve” o una miel hecha en casa como regalito o compre las bio salchichas sensacionales, antes que vuelva a casa de su viaje. Y también si no lleva a casa ningún recuerdo culinario - ¡La comida y la bebida a lo largo de la Ruta Romántica le serán un recuerdo muy positivo de su viaje!

Para cada gusto y monedero
El tramo entre el Meno en el norte y los Alpes en el sur no solo es rico en arte y cultura, en casas con paredes entramadas, iglesias, fortalezas y castillos. La Ruta con sus más de 460 kilómetros de longitud es un verdadero paraíso para sibaritas, un recorrido por las cocinas franconianas, badenses, wurtemberguesas, suabias, bávaras y algovanas. Para cada gusto y monedero hay algo, los amigos de la cocina sustanciosa y los encariñados con la cocina gourmet disfrutan igualmente. Habría que añadir: Se come siempre en un entorno maravilloso.

Silvaner y salvelino
Por ejemplo, en el acogedor “Biergarten” es decir el jardín cerveza del restaurante “Sindel-Buckel” en Feuchtwangen. Allí se sirve la carpa franconiana tierna y sin espinas y esta sabe excelentemente tomándola con una copa de Silvaner frío. O en Weikersheim en el restaurante “Laurentius”, premiado con una estrella Michelín, donde los comensales pueden gozar de una ternera de Hohenlohe y vistas al Castillo renacentista. O en el restaurante „Blaue Sau“ en Rothenburg que ofrece a sus visitantes vistas al muro histórico de la ciudad y les sirve manjares tales como Ceviche de langosta, filete tártaro con camotes fritos. Tras una caminata por los Alpes de Ammergau, el buen gusto del “Kaiserschmarrn”, es decir la tortilla del emperador espolvoreada con azúcar en polvo y pasas, en la cabaña Kenzenhütte situada por encima de Halblech y, el salvelino en el restaurante Alatsee a orillas del lago, cerca de Füssen, es un verdadero poema al paladar.